Querido 2018'


Querido 2018, el último día de tu año preferí no celebrarte. Esa parte, te correspondió a ti esta vez.
Las personas suelen celebrar que te vivieron, o te despiden a lo grande. Yo en cambio, no supe cómo hacerlo. No estaba dispuesta a pintarme los labios, subirme sobre unos tacones altos, disfrazarme con la ropa que arrastra toneladas de tristeza, y salir a celebrar mi ocaso con copas de vino entre mis dedos. 

Por lo que a mí y a ti respecta, me quitaste la felicidad de las manos, como aquel que pierde sin jugar.

Me gustaría decirte, que me moría de ganas por verte partir, y creo que lo mejor que pudiste hacer por mí, fue irte. No formo parte de esa tanda, de aquellos que te amaron y te disfrutaron. Me dejaste hecha pedazos, 2018, y ahora, 2019 deberá recomponerme, y lo hará. Me prometió encajarme, con amor y tiempo. Porque él, al contrario que tú, está dispuesto.

Alguien solía decir, que todos tenemos dos tipos de suerte. La primera, es aquella que depende de esos dioses al tirar sus dados, cuando el olimpo les queda pequeño. Por ejemplo, el lugar en el que naces, el hogar dónde te crías, la cocina en la que tienes la inmensa suerte de sentarte a comer, pero que la segunda, es aquella que nosotros nos forjamos a conciencia.
Pues bien, no esperaba un año en línea recta, pero fuiste sólo cuestas. Nadie aprende sin caídas, pero si no pude levantarme, ¿cómo pretendías que fuera a vivirte?  Me mirabas desde arriba, mientras tu mirada susurraba que yo no estoy hecha para un paraíso como es este.

Me ganaste la batalla, y vaya si perdí.

De todos los hombres que entraron en mi corazón y en mi cama, aprendí que no tenía esa magia para convertir a las bestias en príncipes, pero que no hace falta, porque no necesito príncipes, mientras el suelo nunca seque de pena.

Enterrar amigos, no se me da bien, y no era necesario hacerlo. Desearía haber entendido la vida, sin necesidad de contemplar a través de lúgubres vitrinas como la vida se desquebrajaba.

Que romperme a pedazos delante del amor de mi vida, mientras me tomaba una última copa con él, sabiendo que era esa, no haría que mi corazón dejara de latir, pero sí me haría entender qué fue él, el que me hizo amar esta ciudad con todas mis entrañas. Que paseando sus calles, me curaría. Que sus pasos, tatuarían mi existir y esta ciudad deshabitada.

Viajar, me enseño que las personas más prendadas de mí, fueron las mismas que me olvidaron en cuestión de un chasquido, y no duele. Lo que duele, es abrir la puerta y marcharse. 

También aprendí que nunca debo decir nunca. No fui consciente de lo que he sido capaz de hacer, hasta que la vida no me dejó otra opción, y es ahí, en ese instante, cuando empiezas a entender que a la vida le importa un carajo, que duela, que viertas lágrimas y lo hagas con un corazón hecho pedazos. La cuestión es que, fui yo la que perdí.

Desaproveché oportunidades, querido año, y ahora, ya no necesito entender porque nunca sentí ese empujón y ese grito tuyo, en el que me explicarías, que la vida, vale la pena. Ahora ya lo sé.
Contigo, 2018, me perdí a mi misma, me acostumbré a ser tierra de nadie, porque así aprendí a vivir, y no podría agradecértelo, pero tampoco odiarte, porque a pesar de lo devastador que fuiste, tu oscuridad me definió.
Cuando me vi frente a frente contigo, y supe que no podía cambiarte, entonces, decidí cambiarme a mí misma.
Decidí hacerte frente esta vez, y el día que pueda volver a doler, tacharé de golpe los renglones, que me recuerden que perdí. Pasaré a limpio mi biografía, esa, de la que nadie, nunca, debió salir.


Comentarios

Entradas populares