Vuelta a los mismos errores
Si un día me preguntaran por ti, podría contarles con un vaso medio vacío;
Que no me quedan fuerzas, que soy débil, pero aún capaz de caminar, sin perder el equilibrio sobre las aceras.
Y es que dicen, que no cabe la posibilidad de que en una personita tan menuda como yo lo soy, en un mundo tan grande como es este, exista tanta maña para deslumbrar al mundo.
Que las personas como yo, no necesitan encajar, porque la locura nunca necesita de permiso para sostenerse en pie. Simplemente se sustenta, y se justifica, en que las mejores personas lo son.
Pero lo que no saben es que yo a ti, te necesito.
Que de tanto necesitarte, mi alma está escuálida de ti.
Mi sonrisa, ya no irradia tanto como antes, que me ahogo entre botellas de ginebra en cualquier afligido bar de esta ciudad, desierta.
Que cuando nada tienes, nada temes, y yo en tu ausencia, temo, enfrentarme al mundo.
Que daría todo aquello que no tengo, por rozarte la mejilla con la yema de mis dedos, alimentarme de la comisura de tus labios, y abrazarte por la espalda.
Que no existe perfume sobre la faz de esta tierra, como aquel que roza tu piel.
Que eres mi religión, y el aire que respiro.
Que te veo respirar y en ti, es dónde yo me quedaría a vivir.
Que sin tu presencia, soy otra mortal de tantas.
Que cada noche me imagino en tu sudor.
Últimamente te amo con el hígado y sé que debo levantarme, y aprender a caminar sin ti, vivir sin ti y a ser sin ti.
Frida afirmaba que uno bebe para ahogar las mariposas, pero las condenadas, acabarían aprendiendo a nadar.!
Yo en cambio creo que cuanto más grande es la pena, más cargado viene el ron.
Sabéis?
Nadie te enseña a despedirte de la persona con la que imaginas despertar todos los días por el resto de una vida. Eso, nunca se aprende.
Coincido con la teoría que pretende batallar contra el desconsuelo, afirmando que todos los seres humanos nos acabamos acostumbrando, que sólo se aprende a lidiar con ello sin que el mundo, la casa y el techo se derrumbe.
Y sí, te acostumbras al dolor, al vacío y a llenar los espacios huecos de tu vida, con personas que hacen más notable su ausencia.
Debería, dejar de verte en cada esquina de ésta, nuestra maldita ciudad, en cada hombre y en cada olor.
Debería dejar de confundirte con la palabra hogar, que huele a ti.
Debería, ser capaz de recoger a piezas mi alma, que se cae a trozos cada vez que piso el asfalto de esa sagrada calle que conduce a la felicidad, porque para mi eres eso.
Debería enseñar a mis entrañas a no compadecerse de mi vida hueca, al verte desafiando las aceras.
Soy participe que hay sentimientos demasiado grandes para poder expresarlos con palabras.
Que una vida no me bastaría abrazarte para que entendieras, que en tu almohada, quiero morir cada noche, y que beber de tu boca sería el único pretexto de mi existir.
Que el mundo, a mi, me queda demasiado grande, porque la vida sin ti, es como un teatro vacío.


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